Open
Buscar
Descubre la ciudad

Una paradita para saborear el veranillo de San Martín

Los días se acortan, pero ganan en densidad

Es el momento de aprovechar al máximo la radiante luz de la ciudad y el colorido esplendor de la naturaleza que la rodea. No hay tiempo que perder, ¡a explorar!

La buena reputación de los vinos ginebrinos está bien establecida, así que, ¿por qué no descubrir los viñedos que tienden sus hojas doradas y rojas y sus jugosas uvas por las colinas que rodean la ciudad? Descúbrelas en bici recorriendo los senderos disponibles, lejos del bullicio de la capital, y haz una parada para probar una copa de vino en alguna bodega; si quieres vivir una experiencia original, haz el recorrido en tuk-tuk o visita el Domaine de Châteauvieux, en Satigny, un restaurante con dos estrellas Michelin que ofrece una terraza gourmet con vistas a los viñedos. Mandement, la mayor región vinícola del cantón, nos promete maravillosos y embriagadores elixires…

Evasión a solo unos pasos

Con un sol más suave, el otoño también es buena época para pasear. Recorre los muelles, descansa en algún banco, cruza un puente peatonal sobre el Ródano que corre bajo tus pies y sueña con tus propias aventuras de Indiana Jones. Hasta octubre, puedes hacer una excursión de tres horas en barco por el río. Con un toque de varita mágica, la ciudad da paso a la naturaleza, el canto de los pájaros y la pintoresca campiña. ¡Próxima parada, la presa de Verbois!

Los deportistas podrán gozar de la icónica montaña ginebrina, el Salève, que se ha quedado sin su teleférico hasta 2023. ¡Mejor así! ¡Toda la montaña para nosotros! Puedes llegar hasta ella en transporte público y subirla con un buen par de botas. Todos los domingos se organizan grupos de senderismo gratuitos. En la cima de este mirador natural, que se adentra en Francia, verás a ojo de pájaro una panorámica de la ciudad, el lago y el Jet d’Eau.

Una experiencia inolvidable

¿Buscas emociones? ¿Quieres aprovechar al máximo el espectáculo que nos ofrece la Madre Naturaleza? ¡Pues súbete a la barquilla de un globo aerostático! Esta extraordinaria aventura supone un deleite inolvidable, con unas vistas panorámicas de 360 º de la ciudad de Ginebra, su lago, los Alpes y el Jura, junto con los bosques y viñedos en todo su esplendor otoñal.

Las personas más contemplativas también encontrarán cosas que con las que disfrutar en la ciudad de Rousseau: los más bellos colores engalanan sus numerosos parques, que reciben a los visitantes con el crujido de las hojas caídas bajo los pies. En el parque Des Bastions, podrás pasear entre majestuosos árboles coronados por follaje de oro y bronce, o imaginarte que eres la protagonista de la serie Gambito de dama mientras juegas al ajedrez al aire libre con alguno de los numerosos aficionados a este juego. Mientras, en el extremo opuesto de la ciudad, el Invernadero y los Jardines botánicos lo dan todo: hojas, agujas, helechos y líquenes compiten en color. Los invernaderos también participan, con sus vibrantes y exóticas flores.

Tesoros por descubrir

Cuando el sol juega al escondite y desaparece, los muchos museos de la ciudad abren sus puertas. ¡Y vaya museos! Philippe Patek nos ofrece un viaje a través del tiempo y de la historia de la relojería con su fabulosa colección de relojes de pulsera. Con más de 1 000 objetos, el Museo de Etnografía (MEG) posee una de las dos colecciones más importantes de Suiza. El Museo Internacional de la Cruz Roja, dedicado a Henri Dunant, nos cuenta la emotiva historia de 150 años de trabajo humanitario sumergiéndonos en su trayectoria en este ámbito. En el Museo Ariana, la cerámica japonesa luce orgullosa la flor de la temporada en una exposición titulada: «Crisantemos, dragones y samuráis». Con una colección que abarca 5 000 años de escritura, la Fundación Bodmer pone el foco en los libros. El Museo Barbier-Mueller, por su parte, nos ofrece una impresionante colección privada de arte procedente de África, Asia, Oceanía y de diversas civilizaciones antiguas. Todos estos curiosos museos te permitirán vivir una experiencia inolvidable.

Entre museo y museo, tómate un breve descanso en la isla Rousseau, un antiguo bastión de la ciudad donde álamos, plátanos y amarillos sauces contrastan con el azul del agua. Las vistas de la ciudad desde aquí son únicas. La isla te invita a embarcar en un crucero final para prolongar el verano en uno de los vapores de la belle époque que recorren el lago; admira el Mont Blanc mientras contemplas el fuego de la puesta de sol sobre su cumbre nevada.

Finalmente, cuando el hambre empieza hacer acto de presencia, los ginebrinos saben adónde ir: a por su deliciosa fondue au crémant en La buvette des Bains des Pâquis, unos baños públicos inaugurados en 1872 y ubicados a orillas del lago. Otra posibilidad es darle gusto a tu paladar durante el Mes del Sabor, de mediados de septiembre a mediados de octubre, durante la vendimia, cuando 70 restauradores producen creativas delicias que te permitirán apreciar los productos de esta rica región. 

El veranillo de San Martín lo tiene todo. Ojalá no se acabase nunca.